Deportes

Rodrigo Mendoza, de las aficiones raras como el ajedrez y el póker al sueño de la Champions: "Aún tengo picorcillo por el derbi"

Rodrigo Mendoza, de las aficiones raras como el ajedrez y el póker al sueño de la Champions: "Aún tengo picorcillo por el derbi"

Viene Rodrigo Mendoza (Molina de Segura, 2005) de una alegría tremenda pese a no ser atlético de cuna. «El picorcillo está, aunque llevo poco, la afición y el vestuario hacen sentir que estos partidos son muy especiales», celebra con EL MUNDO el centrocampista la victoria de su equipo en el derbi del pasado domingo. Esquiva las quejas blancas por el arbitraje y habla de que en el fútbol «puede haber decisiones que la gente pueda pensar que están más para un lado que para otro».

Pero ya en modo selección sub-21, con la que podría sellar la clasificación al Europeo de 2027 si vencen a Finlandia el próximo viernes, el murciano amplía la sonrisa. En su club, aunque empezó jugando los tres primeros partidos, poco a poco ha ido desapareciendo de las alternativas de Simeone. «Me lo tomo como un reto, siempre me lo he tomado así, seguir trabajando día a día y ganarme esos minutos y esas oportunidades que van a llegar», valora sus 107 minutos en ocho partidos.

Tenía 20 años cuando el futbolista cambió el Elche, el equipo que le vio crecer, por el Atlético. Encima en el mercado invernal. Sus primeros 25 minutos en la exhibición rojiblanca copera frente al Betis generaron mucha ilusión por un desparpajo que le valió los piropos del mismo Pedri. «Empecé muy bien, pero luego tuve esa lesión del tobillo que me lastró un poco y después otra de sóleo, y terminé yendo un poquito a trompicones, intentando conseguir oportunidades», analiza.

No es fácil ganarse un hueco en Primera División cuando se es joven salvo que seas Lamine Yamal. «La gente está muy mal acostumbrada y se cree que tienes que dar rendimiento inmediato», explica Mendoza aunque es consciente de que el proceso de crecimiento para un jugador es, a veces, muy duro. «Cualquier futbolista lo que quiere es, aparte de entrenar, tener minutos el fin de semana y, bueno, se pasa un poquito mal», valora un futbolista que tiene el ejemplo en su vestuario. «Es intentar coger lo que hizo Pubill. El año pasado que estuvo una época sin jugar y ahora, míralo, acaba jugando todo y ha ganado el Mundial», apunta.

Así que Rodrigo Mendoza no se arrepiente de haber tomado la decisión de cambiar el Elche por el Atlético de Madrid, «por lo que es como club» y por lo que cree que puede llegar a ser en esta entidad. «Es un sueño incompleto porque, obviamente, todo futbolista quiere jugar, ser importante y ese es mi objetivo», apostilla.

Cuando se le pregunta por esos sueños en Molina de Segura (Murcia), el pueblo donde nació y donde el fútbol era un deporte «sin responsabilidad», se ve que echa un poco de menos esa época en la que era de los primeros siempre en ser elegido. «Estar con tus amigos, riendo, te da igual todo, juegas sin que te importe nada», explica hasta que ese juego se convirtió en una profesión cuando desembarcó en el Elche desde el Ranero.

Maestros

Sus padres siempre creyeron en su sueño, y le empujaron hasta el Bachillerato pero vieron, como él, que lo suyo era ser futbolista. Ahora sus profesores son sus compañeros, como lo fue Griezmann, del que alucinó por su capacidad de «movimientos, el control de balón, la visión... todo». El Rey rojiblanco abandonó la disciplina del club este año como Rodrigo hizo con una curiosa afición contracultural para un futbolista. «Dejé de jugar al ajedrez hace unos años porque lo hacía a rachas y me cansé», explica el jugador que ahora ha trasladado su hobbie a otro juego de azar: «Estoy con el póker, porque me gusta, me parece muy interesante y estoy leyéndome libros para aprender un poquito».

Aunque la escalera de color este año para Mendoza sería ganar la Champions en el Metropolitano. Ante su público. «Lo más deseado por todos», expresa con media sonrisa. Ese sí que es un sueño.


Puede que te hayas perdido