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Roberto Fernández, el delantero itinerante que ha estallado en el Espanyol hasta llegar a la selección

Roberto Fernández, el delantero itinerante que ha estallado en el Espanyol hasta llegar a la selección

Roberto Fernández (Puente Genil, Córdoba, 2002) está viviendo un arranque de temporada especialmente dulce. El delantero del Espanyol no solo ha firmado unos fecundos números anotadores, muy especialmente en las primeras jornadas del campeonato de Liga, sino que se ha visto recompensado por ello con la llamada de Luis de la Fuente para formar parte por primera vez en su carrera de una convocatoria con la selección española absoluta. En las filas del conjunto blanquiazul, con el que ha marcado seis goles en lo que va de curso, es donde su talento ha acabado por explotar definitivamente.

"Me dijo que fuera yo, que siga haciendo lo que he estado haciendo desde el principio de temporada, lo que me ha traído aquí y cómo he trabajado. Que disfrute y aprenda", comentó este miércoles en conferencia de prensa en la Ciudad del Fútbol de Madrid sobre las primeras pautas del seleccionador.

Según ha explicado el propio futbolista en varias ocasiones, en su infancia siempre estaba pegado a un balón. Cómo no, le gustaba jugar en la calle, por mucho que eso les provocara algún que otro disgusto a sus vecinos.

Los primeros pasos más en serio en el mundo del balompié los dio, precisamente, en el equipo de su pueblo, el Puente Genil. Allí despuntó tanto que el Córdoba se interesó por hacerse con sus servicios, lo que provocó que tuviera que darse muchos atracones de kilómetros en coche para seguir persiguiendo su sueño.

Desde el fútbol base del equipo blanquiverde pasó al del Sevilla, donde permaneció tres años para volver después a un Córdoba en el que permanecería solo una temporada más. En 2018, se incorporaría a las categorías inferiores de un Málaga con el que tras un breve paso por el San Félix, acabaría debutando como profesional en 2021.

Itinerante

El hecho de que el equipo estuviera lejos de su pasado más brillante no le restó las ganas de consolidarse en sus filas, pero, en cuanto se le abrió la posibilidad de pasar por el fútbol formativo del Barcelona tampoco desaprovechó la oportunidad.

Al final, con el filial azulgrana, bajo las órdenes de Rafa Márquez, jugaría 39 partidos en calidad de cedido en el curso 2022-23, en los que logró convertir nueve tantos. Ese curso como barcelonista, sin duda, le sentó bien. Tanto, que en su regreso a Málaga, firmó su mejor temporada a nivel anotador, con 20 goles en 40 partidos que sirvieron para que el equipo lograra el ascenso a Segunda División y que despertaron el interés del Sporting de Braga por hacerse con sus servicios.

Los portugueses pagaron 1,8 millones de euros fijos, a los que podían sumarse hasta 1,2 más en variables y se comprometieron a abonar también el 10% de una posible venta. Allí las cosas no le fueron tan bien y acabó llegando a préstamo en enero de 2025 a un Espanyol que pagó unos ocho millones de euros por el 50% de sus derechos federativos.

"Es un orgullo representar a un grupo como el Espanyol, que me dio toda la confianza cuando lo estaba pasando regular en Braga. Es un club histórico que trabaja súper bien con la cantera. Sabía que muchos delanteros del Espanyol acaban yendo convocados y también tenía ese reto por delante", agregó este miércoles ante los medios.

El día en que De la Fuente iba a hacer pública su convocatoria para los próximos compromisos de la Roja, según confesó el propio delantero, se lo pasó prácticamente pegado al teléfono móvil. Esperando con la ilusión de un crío unas noticias que, al final, fueron todo lo positivas que deseaba.

Sabe que no lo tendrá fácil por la competencia para el puesto. Así elogió a sus compañeros en la selección: "Me han sorprendido todos en los entrenamientos. A Cucurella ya lo he sufrido, es súper intenso, Pedri por como conduce el balón, Oyarzabal tiene calidad y mucho gol, Ferran también".

Es, por ahora, el momento cumbre de un periplo en el que siempre ha contado con el apoyo de sus padres, a quienes, cómo no, ha querido rendir homenaje plasmándolos con tinta en su propia piel. Una piel en la que, desde luego, también lleva dibujado el objeto que le acompañó de manera inseparable cuando era solo un crío y que, ahora tantas y tantas satisfacciones le está regalando: un balón de fútbol.


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